Cuatro migrantes venezolanos que transitan las calles de San Salvador aseguraron haber sido testigos de atrocidades como violaciones y hasta canibalismo que sufren miles de viajeros de parte de los aborígenes y delincuentes en Panamá. Algunos quieren quedarse un tiempo en El Salvador, otros continuar pronto la marcha.

“Un infierno” que les repugna recordar, con escalofriantes escenas que van desde violaciones sexuales a mujeres y hombres y otras agresiones  hasta canibalismo de aborígenes en el Darién, Panamá. Así lo describe una pareja de venezolanos que llegó a El Salvador con su pequeño hijo y que son una muestra del descomunal éxodo venezolano y que tiene como uno de los puntos de paso a El Salvador.

Durante los últimos meses se ha podido observar a grupos de venezolanos vendiendo artículos varios en las calles más concurridas del país, aparentemente con el objetivo de obtener ingresos que les permitan continuar su trayecto.

El Diario de Hoy abordó a algunos de ellos para conocer de primera mano sus historias y vivencias en su trayecto hacia los Estados Unidos. Entre ellos destaca el caso de Pzire Medrano, una mujer venezolana de 23 años de edad, quien es madre de un niño y que por ahora se dedica a la venta de cepillos de dientes para sacar adelante a su hijo durante su estadía en El Salvador.

Medrano relata que antes de la crisis de 2017 en Venezuela, su vida era de muchos lujos, pero la miseria y el hambre en que ha caído en el otrora país petrolero más rico de Latinoamérica la obligaron  a dejar sus estudios en ingeniería industrial. La falta de ingresos en su hogar fue otro de los factores que la motivaron a ella y a su familia a migrar.

“Salí hace 5 años de Venezuela. Pasé la selva de Darién y luego terminé viajando por estos lados. Salí con mis padres y hermanos pero nos quedamos en El Salvador con mi esposo y mi hijo para conseguir dinero; espero pronto reunirme con mi familia”, relató la mujer.

Al igual que lo expresa Pzire, datos de organizaciones internacionales reflejan que más de 7,3 millones de venezolanos han abandonado su país desde 2014 con la esperanza de tener una mejor vida.

El número de venezolanos que abandonan su país y cruzan la región del Darién se ha incrementado considerablemente, alcanzando la cifra de más de 250.000  migrantes desde principios de 2022, según lo detalla la plataforma digital HumVenezuela en los registros de su página oficial.

Foto EDH/ Gabriel Aquino

La selva del Darién, una travesía de vida o muerte

Innumerables relatos de migrantes dan cuenta de los hechos ocurridos durante su camino en busca de un mejor futuro, tal es el caso de José Quinteros, un joven venezolano de 26 años de edad que se dedica a vender pulseras artesanales en territorio salvadoreño para obtener ingresos y posteriormente regresar a su país con un poco de dinero.

Quinteros recuerda que durante su paso por el Tapón del Darién pudo presenciar distintas escenas que retratan la difícil situación a la que se exponen mujeres, niños, jóvenes y adultos en su camino hacia Estados Unidos u otros países de la región latinoamericana.

El joven venezolano describe las escenas que pudo contemplar durante su trayecto por la selva.

“Vi gente muerta, niños que vienen por el camino sufriendo y gente enferma. Incluso, mi hermana, que se vino conmigo, amamantó a una bebé migrante (porque la madre de la menor) estaba completamente deshidratada y no había comido”, recuerda el joven.

Acorde al relato de Quinteros, una publicación de Human Right Watch detalla que cerca de 69.000   venezolanos cruzaron el Tapón entre enero y agosto del 2022, es decir, un número 60 veces mayor al del 2021.

Para miles de venezolanos, la situación que deben enfrentar dentro del Tapón es incluso peor de lo que se imagina, pues quienes sufren de enfermedades crónicas o incluso, problemas de la vista, han tenido que quedarse hasta 10 días en el interior de la selva.

Otro de los relatos que sustenta los registros de las organizaciones es el de una pareja de migrantes venezolanos en El Salvador, mismos que prefirieron no identificarse por temor a ser localizados por autoridades del gobierno venezolano con quienes tuvieron diversos problemas.

“En la selva mi esposo me prestó su ropa porque los indios violan a las mujeres. Ellos tienen SIDA, y si un hombre intenta hacer algo, también lo violan; ellos son caníbales, vimos cómo se comían a unos haitianos que posiblemente ellos habían matado para luego comerlos”, detalló la mujer venezolana de 43 años.

Su esposo comentó que mucho de lo que se ve o cuenta del interior del Tapón es poco en comparación a lo que él considera como “el mismo infierno”, ya que lo que se vive adentro no suele ser relatado por los traumas que deja en la mente de las personas que lo cruzan.

“Ahí es el mismo infierno. A uno le cuentan cosas, pero vivirlo en carne propia es horrible. Nosotros entramos en grupo de 15 personas pero solo 8 salimos con vida. Los que no lograron sobrevivir fueron los que los indios se llevaron en la noche mientras dormíamos, no pudimos salvarlos”, expresó el hombre de 45 años.

Las historias de José, Pzire y la pareja de esposos venezolanos que se encuentran en El Salvador coinciden en lo arriesgado que resulta emprender viaje desde Sudamérica con rumbo hacia Estados Unidos u otros países.

Foto EDH/ AFP

Un éxodo imparable

La plataforma independiente de la sociedad civil venezolana, que proporciona información sobre la Emergencia Humanitaria Compleja en Venezuela (EHC), registra que de un total de 28,7 millones de venezolanos, el 66% de estos enfrenta necesidades humanitarias, mientras que otro porcentaje de ellos perdieron sus medios de vida de forma irreversible.

Ante esta situación, familias enteras de venezolanos a diario deciden abandonar su país en busca del “sueño americano”, mientras que otros optan por encontrar mejores opciones de vida en distintos países de la región latinoamericana.

Para cumplir su objetivo, muchos de los migrantes que toman esta decisión relatan someterse a diversos riesgos durante su travesía; incluso, muchos de ellos pierden la vida por las condiciones de vulnerabilidad a las que se exponen durante el trayecto hacia su destino.

Como consecuencia de la migración originada en el país sudamericano, algunos países de la región abren sus puertas para recibir a los viajeros que se hacen pasar por turistas, y algunos otros sin un estatus migratorio definido.

Lo anterior lo respalda el portal estadístico internacional Statista, que indica que el país  que mayor cantidad de migrantes venezolanos posee, es Colombia, pues cerca de 20% de ellos, se encuentran en Bogotá.

En segundo lugar se encuentra Perú, con 1 millón y medio de migrantes venezolanos en su territorio, y en tercer lugar Estados Unidos, con un total de 545.200 venezolanos registrados en suelo norteamericano hasta septiembre de 2022.

Foto EDH/ Cortesía

¿Continuar o retroceder?

La organización internacional Médicos Sin Fronteras (MSF) reportó que entre enero y agosto del 2022, más de 100.000 personas cruzaron el Tapón del Darién, de las cuales, 417 recibieron asistencia médica y psicológica tras ser víctimas de abuso sexual al desplazarse por esa zona.

    Cada uno de los venezolanos con los entrevistados afirmó que sus experiencias dentro de la selva pusieron en grave peligro no solo sus vidas sino también la de sus familias; sin embargo, están decididos a enfrentar los riesgos que les esperan en ruta hacia los Estados Unidos.

Ninguno de ellos se conoce, pero todos ellos salieron de su país con un mismo objetivo: mejores oportunidades en tierras extranjeras.

Por una parte, José ve a El Salvador con ojos diferentes a los de Pzire, y en su marcha sin rumbo definido, ve a El Salvador como un país que le permite generar ingresos mediante su trabajo en las calles, para después regresar a su natal Venezuela con el dinero recolectado en tierras salvadoreñas.

Por otro lado,  la pareja de esposos venezolanos que deambula en las calles del centro de San Salvador  espera encontrar la forma de generar dinero dentro de El Salvador para luego continuar su viaje.

Mientras que Pzire y su esposo se mantienen firmes en su decisión de continuar su travesía hasta llegar a suelo norteamericano con el claro objetivo de brindarle un mejor estilo de vida a su pequeño de 3  años, que los acompaña en su viaje.

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Por ahed