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El agente colaboró con una banda de policías, militares y civiles que asesinaba pandilleros pero también usaba la fachada de grupo de exterminio para robar y matar a gente honrada en la zona de Usulután. El 31 de mayo de 2019 mataron a dos jóvenes. Y el agente les ayudó

Entre el 2018 y el 2021 en varios muncipios del departamento de Usulután, los homicidios se incrementaron. Era frecuente considerar que los responsables eran pandilleros que se mataban entre sí o que mataban a enemigos o a personas que se negaban a colaborarles.

Pero muchos de esos homicidios fueron cometidos por una banda de al menos 35 personas que usaban la cobertura de ser grupo de exterminio de pandilleros para fingir operativos policiales y asesinar personas por encargo o para robarles sus pertenencias.

El ingeniero Jared Baltsasar Argüello García fue asesinado el 3 de enero de 2021 por la banda de asesinos y ladrones a los que ayudó el policía Abel Neftaly Coreas Mejía. La banda estaba integrada por policías activos, militares y civiles, que mataron a por lo menos 35 personas en Usulután y San Miguel. Foto EDH / Cortesía

Dos casos puntuales cometidos por esa banda fueron los asesinatos del profesor Pedro Antonio Portillo Campos, el 9 de enero de 2020 en San Rafael Oriente, y el ingeniero eléctrico, Jared Baltsasar Argüello García, el 3 de enero del 2021, en Ereguayquín.

Los asesinos de ambas personas también robaron dinero y objetos de valor de las casas donde entraron fingiendo ser policías y militares que andaban en un operativo.

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Y algunos lo eran aunque cuando cometían esos crímenes no estaban de servicio. Otros eran soldados, y la mayoría eran civiles que se auto denominaban Grupo de exterminio Paz o Muerte.

Parte de esa banda fue capturada a mediados de septiembre de 2021, durante la denominada Operación Poseidón. Arrestaron a 19 pero 17 más, según la acusación de la Fiscalía General de la República (FGR), lograron evadir las capturas.

Condenado a 40 años de cárcel

Como parte de esa banda, una investigación de la División Elite contra Crimen Organizado y la Fiscalía, logró determinar que el agente policial Abel Neftaly Coreas Mejía, conocido como El Chino, y destacado en el puesto de Concepción Batres, colaboró con esa banda en el cometimiento de dos homicidios cometidos el 31 de mayo de 2021, ambos en el municipio de Ereguayquín.

El martes 29 de agosto, la Fiscalía informó que había logrado una condena de 40 años.

El 31 de enero, la banda de delincuentes que decía ser grupo de exterminio de pandilleros, asesinó a dos jóvenes en el cantón Piedra Ancha, de Ereguayquín.

“La @FGR_SV logró que un exagente de la Policía Nacional Civil sea condenado a 40 años de cárcel, por colaborar en el asesinato de 2 personas en el 2019. El crimen ocurrió en el cantón Piedra Ancha del municipio de Ereguayquín, Usulután, cuando el imputado les dio acceso a unos sicarios para que fueran a asesinar a las víctimas”.

Sin embargo, Coreas Mejía era policía activo cuando cometió los delitos por los que fue condenado. Estaba asignado al puesto de Concepción Batres, Usulután, en el mismo sector donde la banda de asesinos operaba.

Operativo para matar a dos

De acuerdo con el relato de un testigo con criterio de oportunidad, la noche del 31 de mayo de 2019, la banda asesinó a José Celestino Fernández Romero y a José Ernesto Benavides Palucho. Ambos vivían en el cantón Piedra Ancha, caserío Nuevo Amanecer, de Ereguayquín.

La banda montó el operativo de la siguiente manera, según el expediente judicial: participaron Víctor Manuel Romero Herrera, Josué Enmanuel Machado Martínez, Yobani Alexander Crespo Romero, Julio Enrique Zayas, Salvador de Jesús Villalobos López, Alejandro Monterroza, José Sebastián Guevara Crespo, Juan Zapata Ramos, Agustín de Jesús Rivas López y el testigo criteriado.

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Se reunieron todos en la casa de Zapata Ramos, en el cantón Anchila, de Concepción Batres. Allí Crespo Romero, alias “Moreno”, dijo que tenía ubicado a un pandillero que era el encargado de recoger la renta en el sector de Ereguayquín; que sabía que era pandillero porque se quedaba en la casa de su hermano (del Moreno) y que necesitaba que lo ayudaran a sacar al pandillero de la casa de su hermano.

Para entonces, Zapata Ramos ya había sacado todas las armas que ocuparían, uniformes, botas, gorros navarones y chalecos antibalas, según la investigación.

A las 10:00 p.m. salieron en una camioneta gris rumbo a Ereguayquín. Pero a la altura del lugar conocido como Desvío del Espino había un retén policial que les hizo señal de alto, lo cual no obedecieron y continuaron sobre la carretera El Litoral.

Dos policías cabecillas de una banda de homicidas y ladrones, según la Fiscalía. Basurto, originario del cantón Roquinte, Jiquilisco, huye de la justicia. Rivas López cumple condenas judiciales por homicidio. Foto EDH /CORTESÍA

En la marcha se dan cuenta que un carro patrulla de la PNC los sigue y por el altavoz les ordenan que se detengan a un lado d de la carretera. Como no obedecen, la patrulla los adelanta y se les atraviesa en la carretera. Se bajan un policía y tres soldados encañonándolos. La banda también alza sus armas contra el policía y los soldados.

“A vos ya te conozco”

Romero Herrera y Machado Martínez visten con uniformes de la policía. El primero alza una mano y grita: tranquilos compañeros. Entonces el policía Coreas Mejía baja su arma y le ordena a los soldados que hagan lo mismo.

Romero Herrera, Machado Martínez y Rivas López se acercan. Este último, que también es miembro de la PNC, se descubre el rostro y le dice al agente en servicio: “a vos ya te conozco”. Coreas Mejía también se descubre el rostro y le responde que también lo conoce.

Romero Herrera, Machado Martínez y Rivas López le dicen a Coreas Mejía que son del grupo de exterminio Paz o Muerte de la Zona Oriental.

Coreas Mejía les responde que si se hubieran identificado en el retén no hubiese sido necesario darles persecución porque él apoyaba al grupo porque estaba de acuerdo con que se acabara con esas ratas, en referencia a miembros de pandillas, prosigue la acusación.

Coreas Mejía les pregunta para dónde iban y Romero Herrera le responde que van para Ereguayquín, a la zona de la línea férrea.

El agente policial les da su número de teléfono y les dice que continúen que él estará pendiente de avisarles si veía o escuchaba algo por la radio para que no los fueran a detener.

El grupo llegó a la casa donde estaba José Celestino Fernández Romero como a las 11:30 p.m. Tocaron la puerta, se identificaron como policías. Como no la abrían, la botaron. Allí encontraron a dos jóvenes y los sacaron a donde Crespo Romero, que se había quedado en la camioneta, para que los viera y les dijera cuál de los dos era el objetivo.

Machado Martínez sacó a la calle a Fernández Romero y lo acribilló. Hecho eso, el grupo se retira, pero en el camino Crespo Romero les dice que en ese mismo lugar vive otro pandillero y les señala la casa, consta en el juicio.

Romero Herrera y Machado Martínez dicen que hay que aprovechar y sacarlo de una vez. El segundo toca la puerta y ordena que abran, que son la policía. Una mujer abre la puerta y los asesinos entran y le ordenan a José Ernesto Benavides Palucho que se levante.

La mujer pregunta por qué se lo van a llevar. Machado Martínez le responde que se les acaban de correr unos pandilleros; le pone la esposas al joven y lo sacan de la vivienda.

Romero Herrera le dice a la mujer que al siguiente día le lleve comida a las bartolinas porque su hijo quedará detenido por organizaciones terroristas.

Cuando se han alejado un poco de la casa, Martínez Machado le ordena a Guevara Crespo que lo mate con la almádana, que el grupo anda para abrir las puertas de las casas.

Benavides Palucho yace tendido boca abajo en la calle. Guevara Crespo agarra la almádana, pero se detiene y dice que así no lo matará, que si es con pistola sí.

“Te voy a enseñar cómo se hace”, le dice Martínez Machado a Guevara Crespo, mientras toma la almádana y golpea con fuerza el cráneo de Benavides Palucho hasta asegurarse de que está muerto, prosigue la investigación.

Profesor Pedro Antonio Portillo Campos, asesinado el 9 de enero de 2020, en Valle de la Jícama, San Rafael Oriente, por la banda de homicidas y ladrones conformada por policías, militares activos y civiles. Robaron dinero, joyas y objetos de valor de la familia de la víctima. Foto/ Cortesía

Los dos asesinados residían en el mismo lugar que vivía uno de los asesinos: Crespo Romero, un jornalero, que participó activamente en varios robos y homicidios.

Ya en la retirada, Romero Herrera le hace una llamada al agente Coreas Mejía, conocido como Chino o PNC de (Concepción) Batres, para comentarle que ya van de salida y a la vez le pregunta si le han reportado algo, a lo que Coreas Mejía le responde: “No, está libre la zona”.

Por estos y otros homicidios cometidos en esa zona, algunos ya cumplen condenas, mientras otros huyen.

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Por ahed