El calentamiento global se impone a fenómenos como el de “La Niña”, que trae más lluvias y contrarresta las sequías de “El Niño”.

El jefe de la agencia meteorológica de Naciones Unidas, el científico finlandés Petteri Taalas, declaró que hay herramientas en nuestras manos para mitigar el cambio climático, tales como el desarrollo y mayor uso de las energías renovables, o “cambios en nuestras dietas”.

“Si logramos alcanzar el objetivo del Acuerdo de París de no superar un alza de temperaturas de 1,5 grados, podríamos decir que nuestro futuro es gris claro, es decir, aún veremos impactos negativos, pero si seguimos como hasta ahora se alcanzarán los 2,8 grados, y los efectos serán mucho más negativos”, anticipó.

“No estamos automáticamente condenados, pero es claro que tenemos que aumentar nuestra ambición” en la lucha contra el calentamiento global, afirmó.

Taalas hizo estas declaraciones en una rueda de prensa para presentar un nuevo informe sobre la evolución del cambio climático que recopila datos recientes de la OMM y otras agencias de Naciones Unidas, de cara a presentarlos ante la Asamblea General de la ONU que comienza la próxima semana en Nueva York.

El máximo responsable de la OMM reiteró que “es posible que 2023 acabe siendo el año más caluroso del que se tiene registro, y es prácticamente seguro que ese récord se batirá en alguno de los próximos cinco años”, periodo en el que también se prevé que, al menos de forma temporal, se supere el límite de aumento de la temperatura media global de 1,5 grados.

Sobrecalentamiento de los océanos

Pese a los tres años sucesivos de La Niña, fenómeno inverso a El Niño que contrarresta en parte el calentamiento, los años 2015-2022 ya han sido los más calurosos jamás registrados.

El sobrecalentamiento de los océanos, que siguen absorbiendo 90% del calor en exceso provocado por la actividad humana desde la era industrial, tiene un papel crucial en el proceso.

Desde abril, su temperatura media de superficie registra niveles de calor inéditos.

“Del 31 de julio al 31 de agosto”, esa temperatura “incluso ha superado cada día el anterior récord de marzo de 2016”, según Copernicus, alcanzando el umbral simbólico inédito de 21 °C, muy por encima de todos los valores registrados.

“El calentamiento de los océanos conlleva el de la atmósfera y un aumento de la humedad, lo que provoca precipitaciones más intensas y un aumento de la energía disponible para los ciclones tropicales”, advirtió Burgess.

Este sobrecalentamiento también afecta a la biodiversidad: “Hay menos nutrientes en el océano (..) y menos oxígeno”, lo que amenaza a la supervivencia de la fauna y la flora, agregó.

“Las temperaturas seguirán aumentando mientras no cerremos el grifo de las emisiones”, procedentes en gran parte de la combustión de carbón, petróleo y gas, concluyó la científica.

Impacto en Centroamérica

Los calores extremos también golpean con más fuerza algunas zonas del planeta como el Corredor Seco de América Central. Este comienza desde Panamá y Costa Rica; pero su cobertura es muchísimo mayor en Nicaragua, Honduras, El Salvador y Guatemala, comprendidos dentro del Corredor Seco de América Central. Son zonas desérticas o semiáridas donde 11 millones de personas intentan vivir del campo. Pero, paradójicamente, muchos de los suelos allí son infértiles por el drástico cambio entre lluvias intensas sucedidas de sequías prolongadas.

Por ello, el problema es la inseguridad alimentaria. El 80% de los productores viven en pobreza, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). La situación empeoró con la pandemia del Covid-19 y la guerra en Ucrania.

   Ahora, la llegada del noveno fenómeno de El Niño de los últimos 30 años puede afectar aún más las cosechas. Y la falta de alimentos es una de las dos causas principales de la migración allí, junto con la violencia, como explicó a France 24 Adoniram Sanches, el coordinador subregional de la FAO para Mesoamérica.

   Según Sanches, el fenómeno de El Niño de 2023 está catalogado entre moderado y fuerte, pero lo inédito que presenta es la intensidad con la que llegó. Por ejemplo, en el Corredor Seco no llovió entre abril y mayo, a pesar de que este es un periodo de siembra. Y tampoco se tienen pronosticadas precipitaciones para finales de 2023 y comienzos de 2024; lo que implicaría perder tres cosechas. Y sin sustento agrícola, muchas familias migran a otros países.

   Pero existen soluciones. La FAO y el Programa de la ONU para el Medio Ambiente (PNUMA) trabajan en casi 30 proyectos para adaptarse a los cambios extremos del clima en esta región del mundo. Una de las posibles salidas es la cosecha del agua. Sanches explica que existen modelos en Israel, México o Brasil donde tienen regiones con menos de la mitad de la lluvia que cae en el Corredor Seco. Pues caen alrededor de 500 mm de lluvia al año, comparados con los 1200 y 1500 mm anuales de las regiones centroamericanas. Y aún así, tienen agua para el consumo humano, para irrigar los campos y para los animales porque la guardan en tiempos de lluvia.

   Por ello, el experto resalta que “adaptación es la palabra clave”, para poder aprender a encontrar otros métodos que se adapten a las condiciones extremas del clima que se evidencian con mayor frecuencia en todo el mundo.

REGRESAR A LA PORTADA



Source link

Por ahed