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«El año que inicia no podría ser peor para la Selecta y el fútbol salvadoreño que el que acaba de terminar. Los problemas que tuvo la Selecta en 2023 serán difíciles de igualar en este incipiente 2024», afirma el editor de CANCHA, Gustavo Flores.

El 2023 se cerró intentando comprender el incomprensible lío del fútbol salvadoreño y el 2024 abrió con la designación del sorpresivo nuevo entrenador que asumirá oficialmente sus funciones el 8 de enero. Esto es apenas 11 días antes de un amistoso que tendrá los ojos del mundo del fútbol, no por la Selecta ni por su rival, sino pura y exclusivamente por el mejor jugador del mundo que engalanará la cancha de Cuscatlán, al menos por 45 minutos.

Messi pondrá a prueba a la Azul y su nuevo DT, que apenas tendrá tiempo para conocer las caras y nombres de sus nuevos jugadores. Esperemos que también los puestos en los que juegan, ya que su predecesor en el cargo, De la Barrera, también solía confundirlos. Algo, sin embargo y muy en el fondo, reconforta: el año que inicia no podría ser peor para la Selecta y el fútbol salvadoreño que el que acaba de terminar. Los problemas que tuvo la Selecta en 2023 serán difíciles de igualar en este incipiente 2024.

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El nuevo entrenador viene de dirigir un equipo pequeño pero protagonista en Panamá, el Sporting San Miguelito y fue reemplazado al terminar la temporada y no lograr el objetivo del título para el que se había reforzado muy bien. Al menos conoce la región –no como su antecesor, un neófito en el fútbol de Concacaf- por su paso como uno de los asistentes  del entrenador danés Thomas Christiansen en la Selección de Panamá, al inicio como el encargado de trabajar las jugadas con pelota parada. Fue el técnico de la Sub-21 canalera que participó en el torneo Maurice Revello, antes llamado Esperanzas de Toulon. Su equipo terminó en el séptimo lugar de 12 participantes. Luego, se alejó de la federación panameña.

En la siguiente edición de este torneo, el año pasado, Panamá fue el sorpresivo campeón bajo la dirección de Jorge Dely Váldes, quien, recordemos, supo trabajar en el Águila con su hermano Julio, allá por el 2015. Duraron cinco meses pero dejaron una recordada frase que hoy vuelve a tomar relevancia: “La Liga de El Salvador está muy por encima de la panameña. Tiene un fútbol más organizado que el nuestro y más historia que el nuestro”.

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Por ahed