Digitalizan 27 tipos de formatos análogos entre caseros y profesionales. Hay personas que después de varios años todavía conservan esos cassettes antiguos.

De una caja de cartón, Nelson Bran, de 57 años de edad, saca algunas cintas de grabación, aquellas que se usaban entre los años 70’s, 80’s y 90’s. Unos cuantos cassettes de VHS, Betacam, Hi 8, U-Matic, Mini Disk, negativos de rollos fotográficos y otros artefactos desfasados están entre los dispositivos análogos que guarda Bran en su pequeño estudio de grabación.

Toda esa colección es la que otras personas le han confiado para que pueda “volverlos a la vida” en un formato más actual. “Todos ellos algún día van a arruinarse. (Es importante) conservar la boda de los papás, la primera comunión, las experiencias únicas de familia que están en algún formato obsoleto”, afirma Bran, quien tiene un negocio dedicado a digitalizar imágenes y audios para los cuales ya no se fabrican dispositivos electrónicos donde poder reproducirlos.

“Digitalizamos 27 tipos de formatos entre caseros y profesionales. Hay personas que después de varios años todavía conservan esos cassettes antiguos”, menciona Bran, un técnico en audio y video que ofrece una alternativa para conservar estos recuerdos a posteridad y que sus clientes puedan continuar viéndolos. Un trabajo que lleva una dosis de nostalgia en la era de los smart TV, smart phones, computadoras táctiles, las memorias USB o SD de gran almacenamiento.

Fue en 2010 que decidió incursionar en este peculiar trabajo en su taller de digitalización. Un giro que tuvo que darle a su antiguo negocio: Producciones VAM.

Una ocurrencia “líder en musicón”
Para muchos salvadoreños, el estribillo “Indiscutiblemente, nadie coloca la música como Producciones VAM, líder en músicón”, seguramente los transporta a la época del auge de la salsa, del rap, del pop, del freestyle, del rock en español, de la balada rock; de aquellas melodías “para bailar en un ladrillo” en las calles adoquinadas o en la sala de los hogares, a todo lo que significaron los años 80’s y 90’s cuando se disfrutaba la música entre el sonido de las balas y las bombas durante el conflicto armado en El Salvador.

Imágenes EDH / Moisés Rivera, Producciones VAM, Youtube

“Todos vivíamos la misma psicosis (de la guerra) y de alguna manera la música nos sacaba de esa tensión angustiante; fuimos unos difusores más de entretenimiento en medio de todo eso”, recuerda Bran, quien inauguró Producciones VAM el día de otro acontecimiento que marcó al país: el terremoto del 10 de octubre de 1986.

Fotografías de Nelson Bran en el inicio de Producciones Vam. Foto EDH / Archivo.

La riqueza del sonido producido en los decks de su Panasonic Technics RS-609, los efectos de audio cual si fueran un paseo galáctico trazado por su teclado-sintetizador Yamaha DX-7 (de 1983) y el singular jingle “líder en musicón” caracterizaron a aquel emprendimiento musical que se viralizó entre jóvenes y adultos.

“Todo comenzó con mis hermanos y mis primos, como una locura de ‘cipotes’, en la casa de mi padre, en la colonia Santa Lucía, en Ilopango; él era amante de los buenos equipos de sonido y de la buena música”, comenta Bran. “Situation”, de Yazoo; “Fresh”, de Kool & the Gang; o “Axel F”, de Harold Faltermeyer estrenaron las cintas que sonarían por doquier.

Los primeros clientes fueron sus compañeros de clases, vecinos y los motoristas de las rutas 29 A y 41 de Soyapango, luego las ondas de las mezclas se expandieron entre los conductores de rutas de San Martín y de San Marcos. “No tuve necesidad de publicitarme porque ellos eran mi propaganda en las unidades”, cuenta entre risas.

Aquel joven de 19 años comprendió el mercado y se adaptó al gusto musical de los oyentes, aunque también buscó innovar con las tendencias musicales de Estados Unidos y de Europa. “Una vecina me dijo que su hermano era Dj en Estados Unidos, entonces nos enviaban discos de vinilo de 12 pulgadas que traían una, dos o tres canciones para mezclar”, narra este experto audiovisual. Por años, su tornamesa no paraba de pinchar y girar los vinilos en el afán de hacer vibrar a cualquiera al son de la música.

Phil Collins, Billy Joel, Taylor Dayne, Roxette, Bryan Adams, Milli Vanilli, Pet Shop Boys y otros tantos más cabían en cada circuito de los sintetizadores de Producciones VAM. “Además, los discos que iban llegando a las tiendas los comprábamos en ‘barbaridad’, aunque en el cassette solo cabían 14 o 15 canciones”, agrega Bran.

Era finales de los años 80’s y las mezclas de canciones del momento pasaron de las salas de los hogares y de los microbuses a las calles de colonias y barrios. A sugerencia de algunos escuchas, “nos lanzamos a la línea de discoteca móvil. Si en la lista de peticiones estaba diez veces ‘La Dama de Rojo’ (‘Lady in Red’, de Chris de Burgh), ‘El Amor Duele’ (‘Love Hurts’, de Nazareth), ‘Eclipse Total del Amor’ (’Total Eclipse of the Heart’, de Bonnie Tyler), entre otras, sabíamos que eran buenas canciones para programarlas y grabarlas”, detalla Bran.

La época dorada de Producciones VAM
Los seis años entre 1988 y 1994 fueron la época dorada para Producciones VAM. El ritmo lo marcaron la cumbia salvadoreña, la salsa de Eddie Santiago, el rap norteamericano y latino, el rock en español de Soda Stereo o de Héroes del Silencio, el merengue, el freestyle (los beats fuertes de la marca) y hasta la exótica lambada. “Lo que más me gustaba mezclar era la música romántica en inglés de Michael Jackson, Madonna, Paul McCartney y otros más; por eso los Mix Románticos 1, 2, 3 y 4 fueron hechos con pasión”. Sin embargo, “la gente estaba loca” por otros géneros y mezclas, tal como recuerda Bran: “El rap no me gustaba. Hubo grabaciones que para mí quedaron horribles, pero a pesar de eso llegaban en las listas y seguíamos vendiéndolas. La gente sabía que si era de Producciones VAM, ese cassette era bueno. Sucedió un fenómeno subliminal, llamémoslo así”, califica.

Una experiencia sensorial lograda con la modificación electrónica de la ecualización de fábrica de los decks de grabación, lo que daba aquel sonido stereo y potente a las mezclas, “un secreto guardado por 35 años”, revela Bran.

Este es uno de los decks que Bran aún conserva para hacer grabaciones que clientes le solicitan para «no dejar morir» aquellas mezclas. Su negocio fuerte ahora es la digitalización de formatos obsoletos. Foto EDH / Archivo.

Limpieza de piratas
“Algunos sabíamos que de alguna manera era piratería, pero era una forma de darle de comer a la familia”, justifica este amante de la música. En 1980, al inicio de la guerra civil en El Salvador, muchas empresas extranjeras y franquicias se marcharon del país. Si bien el Estado salvadoreño ratificó, en 1978, la Convención Universal sobre Derechos de Autor (París, 1971), “las familias buscaron cómo subsistir en esos años donde el trabajo era muy escaso. Lo que pasó es que el gobierno de ese momento permitió que pudiéramos vivir de eso”, cuenta Bran, quien siendo joven realizó estudios técnicos en audio y video en Costa Rica.

En 1983, a sus 17 años, regresó a tierras cuscatlecas, pero no tuvo suerte de encontrar un empleo. Fue entonces, a sus 18 años, que decidió echar a andar lo aprendido y creó Video Audio Music, un pequeño emprendimiento que grababa eventos familiares. Luego mutó a las grabaciones de mezclas musicales con el popular nombre de Producciones VAM. El resto está en la memoria de los que deleitaron su oído, cantaron y bailaron con las mezclas de manos de Nelson Bran.

El conflicto armado en El Salvador llegó a su fin con la firma de los Acuerdos de Paz, en 1992. Los años posteriores sirvieron para que el gobierno hiciera “una limpieza de piratas” mediante la Ley de Fomento y Protección de la Propiedad Intelectual (de 1994) y a petición de las empresas transnacionales que vinieron al país, así lo recuerda este productor audiovisual.

“Se reguló la Ley y los negocios de grabación entramos en la categoría de piratería”. Acatando las leyes, en 1997 Producciones VAM dejó de hacer mezclas. En esa fase de oscurantismo, “tuve que trabajar de Dj en restaurantes, algo que nunca quise hacer, pero no soporté los desvelos”, relata Bran.

Este es uno de los últimos anuncios de Producciones VAM en un periódico local, antes de cerrar actividades en 1997. Foto EDH / Archivo.

“Hicimos arte”
Con los rodillos de los decks sin girar y las tornamesas sin pinchar discos, en 2000 aquel negocio de mezclas de hits de los 80’s y 90’s inició con sus servicios audiovisuales a organizaciones religiosas y casas editoriales. “Trabajamos para empresas, pero nada que ver con música, se trata de promoción comercial móvil y cuñas”, enfatiza Bran. Una actividad que realiza además de la digitalización de los formatos obsoletos.

Con cierta nostalgia y satisfacción en sus ojos, mientras juega con los switches y perillas de su consola, Nelson Bran afirma que “la gente recuerda a Producciones VAM porque ese trabajo se hizo con pasión y es que no solo hicimos mezclas, hicimos arte y es así cómo nos recordarán siempre”.



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Por ahed